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Conoce cómo las soluciones HVAC de Danfoss trabajan para dar vida a las mejores experiencias en espacios interiores, tanto nuevos como existentes.

Por María de los Ángeles Mendieta / Integrante del Área de Planeación en la Conagua


Agua


El término ciudad inteligente se aplica para aquellos desarrollos urbanos que se basan en el uso intenso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC), con el propósito de elevar el bienestar de sus habitantes. Estos centros urbanos se caracterizan por su sostenibilidad y armonía en diversos aspectos espaciales, sociales y ambientales, así como en el aprovechamiento de las TIC para prestar servicios públicos de mayor calidad y transparencia; para brindar mayor y mejor seguridad a los habitantes; para contar con una mejor infraestructura social, una adecuada planeación de vialidades, y para disponer de un transporte público más eficiente que desincentive el uso del automóvil.


Las ciudades inteligentes también se distinguen por ser financieramente sustentables; por su alta participación ciudadana y por ser ambientalmente sostenibles al incrementar sus áreas verdes, sus acciones para reducir la huella de carbono y emplear combustibles limpios y energía renovable, entre otras prácticas.


En esta sostenibilidad ambiental, la gestión del agua tiene un rol central, tanto por la presión que ejerce el crecimiento poblacional sobre los recursos hídricos como por los efectos del cambio climático, que hacen de la escasez de agua el mayor riesgo al que se enfrenta el ser humano en la actualidad. Esta realidad obliga a repensar el diseño de las urbes y a emplear soluciones tecnológicas para crear ciudades con prácticas de gestión circulares, donde el agua se reutilice y no se desperdicie; ciudades verdes y resilientes a fenómenos naturales extremos como inundaciones o sequías.


En una ciudad inteligente o, para este caso, en las llamadas ciudades inteligentes del agua (Water Smart Cities), se combinan las soluciones tecnológicas con soluciones técnicas, de eficiencia y de la propia naturaleza para integrar el entorno urbano con los recursos hídricos, lo cual es por demás complejo, pues implica un cambio de paradigma hidrosocial en el que ciudadanos, empresas y gobierno comparten la misma visión sobre la gestión del recurso.


¿Cómo se gestiona el agua en las ciudades inteligentes?


Primeramente, es muy importante restaurar la capacidad de infiltración de agua pluvial. Por ejemplo, en la Península de Yucatán, donde los suelos son kársticos (como una esponja), el agua que se precipita se infiltra naturalmente; sin embargo, no todas las ciudades cuentan con esta característica y, peor aún, la recarga natural de los mantos subterráneos está limitada por la existencia de infraestructura y vías de comunicación, en cuyo caso se deben aplicar técnicas para recargar los acuíferos, las cuales son reguladas por estrictas normas. Esto permite, inclusive, la reinyección de aguas residuales (previo tratamiento terciario) a través de pozos de infiltración.


También se deben mejorar los sistemas de monitoreo meteorológico para prevenir situaciones de riesgo. Actualmente, hay sistemas de alerta temprana que permiten que a través de redes telemétricas, estaciones de lluvia, modelos hidrológicos, sensores remotos y satélites, sea posible monitorear la cantidad de lluvia que se precipita y el comportamiento de cauces en ríos o cuencas hidrográficas, así como pronosticar la probabilidad de inundaciones con alta precisión.


Abastecer de agua a la población es una tarea que se torna cada vez más difícil. Es por ello que debe incrementase el aprovechamiento del agua de lluvia mediante su recolección y almacenamiento seguro, y reutilizar las aguas grises residenciales, para, después de un tratamiento básico, aplicarlas en el riego de áreas verdes y de recreación.


Otra medida de eficiencia y ahorro de agua potable es hacer uso de tecnología para detectar fugas, repararlas y reducir su desperdicio por fallas o malas condiciones de la red hidráulica. Con el uso de las TIC es posible controlar de manera automática y remota el suministro, la calidad y la medición del agua, así como recolectar datos sobre su consumo, aplicando modernos procesos que favorecen la eficiencia en la cobranza y un mayor control sobre la demanda. 


El tratamiento de agua residual es también un aspecto fundamental en la gestión inteligente y circular de los recursos hídricos. El saneamiento debería considerarse como una fuente de abasto alterna, ya sea para consumo humano o recarga de acuíferos a través de procesos de tratamiento más sofisticados.


Cabe señalar que la gestión inteligente del agua es aplicable tanto al entorno urbano como al rural, por lo que el agua empleada en la agricultura, principal consumidor del recurso a nivel global, puede incrementar su eficiencia mediante la tecnificación del campo, reconsiderando la vocación agrícola de cada región e incrementando el intercambio de agua tratada por agua de mayor calidad que se extrae de fuentes subterráneas, con lo cual también se reduce la explotación y el estrés hídrico sobre los acuíferos.


La transición hacia las ciudades inteligentes del agua es un gran reto que requiere de enormes esfuerzos y participación de todas las esferas sociales y económicas. Si bien las TIC son decisivas para implementar soluciones tecnológicas en la gestión hídrica inteligente, la voluntad de los tomadores de decisiones es clave para formular políticas públicas y destinar recursos a la educación y a la cultura del agua, así como a la investigación y al desarrollo que impulsen en su conjunto el uso sostenible de los recursos hídricos. Recordemos que éstos siempre serán limitados.

Transición hacia ciudades inteligentes del agua 

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