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Contra Incendio


Por Raúl Sánchez Meza / Gerente para IFSC de México 



Desgraciadamente, en los países latinoamericanos, la protección contra incendios es una materia que ha sido abordada como algo no profesional, sino de manera empírica. En muchas ocasiones me he topado con situaciones en las que los sistemas contra incendios instalados no tienen un sustento documental (bases de diseño, normas de referencia, cálculos hidráulicos, especificaciones) que permita establecer si funcionarán y lograrán el objetivo para el que fueron solicitados.


Pero ¿por qué es esto así? La respuesta, aunque no es fácil, tiene un origen. Sin importar el tipo de proyecto (edificio de oficinas, de usos múltiples, hotel, centro comercial, almacén, refinería, etcétera), todos tienen un riesgo en común: que se pueden incendiar. Por ello, es necesario instalar algún sistema que en caso de incendio mitigue sus efectos o incluso lo extinga.Quien se encargaba de cubrir esta necesidad era cualquier ingeniero –en el mejor de los casos–, considerando los requerimientos en materia de protección contra incendios de los reglamentos de construcción locales, las normas de seguridad e higiene de la Secretaría del Trabajo y las recomendaciones de los fabricantes y vendedores de equipo. Es así como, de manera empírica, se fueron formando personas que, sin tener conocimiento profesional en la protección contra incendios, se convirtieron en “expertos”. Total, se trata sólo de agua para apagar incendios, ¿qué dificultad puede tener “diseñar” tuberías que lleven el agua y bombas que la impulsen hasta los hidrantes por donde saldrá para apagar un incendio? Si diseñamos plantas de proceso, esto es pan comido...


Los vendedores de extintores pasaron a ser instaladores de redes contra incendios porque sus clientes tenían esa necesidad, generalmente para el cumplimiento con las autoridades y en muchas empresas surgieron los “gurús” de la protección contra incendios, cuya palabra se convirtió en ley y pobre de aquel que se atreviera a cuestionar sus dichos. 


Si usted se ha dedicado a la protección contra incendios desde hace años, es altamente probable que haya tenido un jefe “gurú” o que conozca a alguien así, cuyas opiniones no se pueden cuestionar, lo que lleva, en ocasiones, a sobrediseños y, en la mayoría, a diseños totalmente equivocados por la falta de conocimientos fundamentados en normas, códigos o prácticas recomendadas específicas en protección contra incendios.


Por desgracia, y aunque se ha pagado la “cuota de sangre” en nuestro país y en otras regiones, no ha sido suficiente para contar con Ingenieros en Protección Contra Incendios, como sí los hay en otras especialidades de la ingeniería: civil, eléctrica, estructural, química, industrial e incluso en seguridad e higiene industrial (que hace unos 20 años no existía), quienes sólo en el último semestre del plan de estudios cursan una materia de protección contra incendios.


Si bien es un buen inicio, proteger contra los riesgos del fuego es una especialidad tan amplia que no es posible dejarla sólo en manos del ingeniero en seguridad industrial ni que le baste sólo una materia para obtener los conocimientos suficientes para desempeñarse satisfactoriamente en este rubro.


Por fortuna, los tiempos han cambiado, los usuarios están mejor informados y no se conforman con un simple “porque así es”. Pese a que aún no existe una carrera de Ingeniería en Protección Contra Incendios, la exigencia de los usuarios ha generado que cada vez sea más socorrida la capacitación especializada en el tema, impartida generalmente por la National Fire Protection Association (NFPA) u organizaciones como la Asociación Mexicana de Rociadores Automáticos Contra Incendios (AMRACI), que incluso ha desarrollado procesos de certificación para diseñadores de sistemas de rociadores (Cetraci) y próximamente de detección y alarma (Cedaci).


Por otro lado, quienes nos dedicamos a esta materia tenemos la obligación moral y profesional de hacer las cosas de la mejor manera posible, sin salirnos de los marcos normativos aplicables (NFPA, UL, FM Global, API, etc.) y orientar al cliente con la única finalidad de lograr el objetivo: proteger la vida humana y la propiedad ante los incendios.

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