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Por Christopher García / Editor de Revista Especificar 

Eficiencia Energética

Dos estimaciones de la Agencia Internacional de Energía vaticinan un futuro predominantemente urbano. La primera, enfocada en la densidad poblacional, pronostica que para 2050 (en poco más de 30 años), 70 % de la población mundial vivirá en ciudades. La segunda se relaciona con la densidad de construcción: 60 % de los edificios que existirán en 2050 aún no se construyen.


No es casualidad que ambas estimaciones ronden los mismos porcentajes. Las personas que migran a la urbe lo hacen en busca de trabajo, lo que implica casi invariablemente edificios. Sorprende, no obstante, que el entorno urbano se encamine a un crecimiento todavía mayor, considerando que en su magnitud actual ya es complicado sostenerlo, pues recursos como el agua comienzan a escasear en el mundo y la demanda de energía ya está superando a la oferta.


La edificación sustentable desde hace algunas décadas le ha hacho frente al problema. Mediante estrategias de ahorro, eficiencia, disminución del desperdicio y concientización, se le ha ganado terreno a la demanda de recursos, pero aún no es suficiente.


Clay Nesler, Vicepresidente de Sustentabilidad Global e Iniciativas Industriales para Johnson Controls, asegura que ya se ha dado un gran paso al tomar conciencia del impacto que generan las edificaciones; lo siguiente es enfocarse en “el papel que juegan para mejorar la salud y el bienestar de las personas”. 


Luego de más de 35 años laborando en Johnson Controls y de haber formado parte del equipo que desarrolló la primera versión del sistema Metasys, Nesler observa que la cadena de valor de la construcción en su conjunto es responsable de que las edificaciones tengan un bajo desempeño, situación que puede corregirse si se integran los estímulos adecuados.


A su juicio, el ideal de la sustentabilidad no es sólo minimizar el impacto del entorno construido, sino encontrar la manera de que dicho impacto sea positivo, hasta llegar al punto en el que la edificación no sea vista ya como “un mal necesario”.


​Especificar (E): ¿Sabe realmente qué hacer el propietario o el facility manager con los datos que le brinda su edificio para incrementar la eficiencia energética?

Clay Nesler (CN): Es una gran pregunta. La mayoría de los edificios generan toneladas de datos, pero carecen por completo de información. Lo importante es traducir los datos en información relevante para el edificio y el facility manager en particular, pues de esa información se obtiene la visión de lo que está mal, de dónde se debería invertir más tiempo y, luego, pasamos a la acción. Eso es justamente lo que los Sistemas de Gestión de Edificios hacen. Han evolucionado de ser un sistema que lleva un conteo del tiempo, enciende y apaga sistemas y controla las temperaturas, a una herramienta realmente útil para optimizar el edificio. La tecnología ha evolucionado para incluir internet, las herramientas de seguridad informática más recientes que garanticen protección y privacidad, así como nuevas aplicaciones para analizar datos, identificar tendencias y brindar a los operadores conocimiento profundo de sus edificios. 


E:¿Diría que se ha evolucionado lo suficiente?

CN: Los edificios son difíciles, debido a que ninguno es igual. Por ejemplo, un automóvil moderno cuenta con cerca de 75 microprocesadores en su interior; uno pensaría que al pisar el acelerador se está activando un enlace mecánico, pero en realidad se está activando un potenciómetro que envía una señal, y lo mismo ocurre con muchos de sus mecanismos. La pregunta es ¿por qué un automóvil puede ser tan inteligente y aun ser operado por una persona de 80 años? Porque todos son iguales, puedes integrar la inteligencia en cada uno de ellos.​ es una tendencia que ahora estamos viendo en las edificaciones. Estamos en la transición del punto en el que se cuenta con un conjunto de componentes instalados y luego alguien elige un controlador vacío y lo programa para controlar todos esos componentes, hacia el punto en que cada vez más equipos cuentan con su propio controlador. Hoy podemos conectarnos con cualquiera de nuestros chillers y observar cualquier fragmento de información que obtendría alguien que se encuentra parado frente a
él; incluso, a través de internet, podemos diagnosticar problemas y resolverlos. Los primeros controladores VAV eran sumamente simples; los actuales, que son cualquier pieza de metal en el techo regulando el flujo de aire, cuentan con mayor capacidad de cómputo que lo que tenía el sistema de gestión de edificios que vendimos cuando comenzamos con este tipo de tecnología en 1982.​


E: ¿Cuál es la mejor estrategia para alcanzar los objetivos de la eficiencia energética?

CN: En nuestra investigación de hace un par de años incluimos a miles de organizaciones y detectamos algunos rasgos en común. El elemento que determinaba la inversión, tanto de lo que se iba a invertir como del incremento en la inversión, fue el compromiso. Las organizaciones que no tenían objetivos y que no estaban midiendo su desempeño invirtieron x cantidad; las organizaciones que tenían metas internas y que estaban midiendo su desempeño invirtieron cerca de 15 % más; las organizaciones que hicieron compromisos públicos sobre energía o huella de carbono invirtieron entre 2 y 3 veces más. El otro factor para aquéllos que invierten más, y esto se refiere a gobiernos, institutos y el sector privado, es que usan el dinero de otras personas; encuentran la manera de financiar sus objetivos mediante ahorros de energía o contratos de ahorro de energía, y lo pagan a través del servicio. Entonces, establecer una meta y luego encontrar fuentes de financiamiento que puedan fondearla sin tener que tomar de sus propios presupuestos operativos es la manera en que las organizaciones logran sus objetivos de eficiencia energética.​​


E: ¿Diría que actualmente es más sencillo ser eficiente que no serlo?

CN: Sí, porque, de hecho, si inviertes la premisa, la eficiencia suena difícil, la
conservación suena a sacrificio, pero lo opuesto es el desperdicio. Si le pregunto a cualquier persona quién está a favor del desperdicio de energía, quién tiene un proceso sistemático para desperdiciar energía, nadie levantará la mano; pero el hecho es que sí lo tienen. Al carecer de un proceso, sistemas e inversión en eficiencia energética, en esencia, estás generando un desperdicio.

Las plantas de manufactura, por ejemplo, odian el desperdicio: tienen procesos esbeltos, equipos de alto desempeño, ejecutan cualquier cantidad de procesos para evitar el desperdicio, mejorar la seguridad y reducir costos, pero muchas veces no aplican la misma metodología a su consumo de energía y agua. En Johnson Controls hemos sido increíblemente exitosos en usar los mismos principios de gestión que aplicamos para entregar productos de excelente calidad, seguridad y bajo costo al manejo de la energía, el desperdicio y el agua en nuestras plantas de manufactura.
Hemos mejorado la productividad de la energía, de modo que la ganancia obtenida
de cada unidad de energía es del orden del 90 % desde 2002; esto quiere decir que
estamos utilizando cerca de la mitad de la energía que habríamos necesitado si no hubiéramos tomado esas acciones. Nuestros ahorros equivalen a 100 millones de dólares anuales en nuestra factura de energía.

Los edificios no deben ser un mal necesario

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