banner COVID-19 Especificar
banner síguenos Especificar Facebook
conexión cobre prensable perfil empaque EPDM

especificar en redes

logotipo revista Especificar

Economía 


Por Antonio Villalpando acuña*


Debido a la pandemia de Covid-19, México y el mundo experimentarán una seria recesión económica. El confinamiento y la interrupción de actividades económicas no esenciales llegaron en un contexto económico marcado por la volatilidad en sectores estratégicos, como los hidrocarburos, la industria automotriz y el sector inmobiliario, lo que hará que sus consecuencias sean más profundas y duraderas.


Ningún sector de la economía mexicana o de la economía internacional quedará intacto. Sin embargo, habrá sectores con más oportunidades que otros para resistir “el temporal” y recuperarse más rápidamente. Entre ellos está el sector de la construcción.


Los retos

El problema más evidente que experimentarán todos los mercados, incluyendo el de la construcción, es una caída en la demanda. Tanto los consumidores domésticos como los corporativos reducirán sus inversiones en activos fijos, pues no son prioritarios para mantener a flote los ahorros o reducir los costos. Por otro lado, la caída de las actividades de sectores como el turismo, la hotelería y los restaurantes tendrán efectos directos en la demanda de mobiliario, construcción y soluciones energéticas.


Otros sectores identificados con la cadena de valor del sector construcción, como los energéticos, la aviación civil y la transportación marítima, se verán seriamente afectados, según estableció la Organización Internacional del Trabajo en su estudio Sectoral impact, responses and recommendations, lo que lo perjudicará por el lado de los costos logísticos.

Adicionalmente, la contracción en la demanda de otros mercados no directamente relacionados, como la agricultura, la industria textil y la automotriz, prolongarán el efecto de la recesión en todos los mercados, pues muchos negocios cerrarán y la recuperación para muchos agentes económicos de estos otros sectores implicará empezar desde cero, lo que llevará meses.


El pronóstico

A estas alturas es imposible predecir cuándo se recuperarán la economía mexicana y la economía mundial. Los pronósticos más optimistas hablan del siguiente año como un momento de amplio crecimiento por efecto de rebote. Sin embargo, Gita Gopinath, economista en jefe del Fondo Monetario Internacional, ha advertido que es altamente probable que ni siquiera el año siguiente se logre revertir la cantidad de daño que recibirán las economías de todo el mundo.


Pese a que la mayoría de los gobiernos, así como los bancos centrales y la banca comercial, están preparando grandes medidas de rescate, como la emisión de créditos –que no podemos calificar de blandos, pero que sí son más convenientes que en tiempos normales–, la demanda de prácticamente todos los sectores seguirá disminuida. También es sumamente relevante considerar para hacer pronósticos que es muy probable que el coronavirus regrese hacia finales de 2020, causando aún mayores estragos que este primer brote (Reuters, 2020).


No todo son malas noticias. Una expectativa bastante racional es que en el tercer trimestre de 2020 se comenzará a experimentar una breve reactivación de la economía cuando el grueso de la primera generación de créditos productivos emergentes esté siendo invertido. Será preciso estar atentos a estas señales para aprovechar esas ventanas de oportunidad para rotar inventarios, para vaciar las estanterías y amarrar algún contrato.


En el caso de México, un factor adicional que permite mantener cierto optimismo es que, pese a las insuficientes medidas de fomento emergente que ha anunciado la administración del presidente López Obrador, los proyectos de infraestructura siguen vigentes, algo que generará certidumbre para la industria de la construcción.

Las estrategias 


Ante un escenario tan complejo y volátil, la recomendación es no hacer business as usual. El objetivo en los meses por venir será hacer su negocio resiliente. La resiliencia es un concepto parecido a la resistencia; sin embargo, a diferencia de resistir, ser resiliente significa no sólo “ser fuerte”, sino adaptarse a las circunstancias. Por ello, la recomendación es poner en práctica estrategias que flexibilicen los modelos de negocios:

  • Rotar inventarios. Reduzca el promedio de inventarios sin ceder a la tentación de subir precios. Las mercancías almacenadas no se valorizarán más ni aún con una recuperación total, pero los costos de transporte, mantenimiento y almacenaje permanecerán constantes. El objetivo es incrementar la liquidez para hacer frente a los costos variables como salarios, rentas y proveeduría.
  • Renegociar contratos. La recuperación es un esfuerzo conjunto, por lo que debe buscarse amarrar contratos de mediano plazo que permitan quitar penalizaciones o aplazarlas. El objetivo es que su negocio, tanto como proveedor como cliente interno, permanezca en la cadena de valor. En un escenario como el que enfrentamos, una actitud egoísta puede tener consecuencias de largo plazo.
  • Un nuevo enfoque de recursos humanos. La capacidad de salir avante del adelgazamiento de la demanda y de los conflictos que inevitablemente se suscitarán con la proveeduría dependerá del talento humano. Construir capacidades en los empleados para hacer ventas en línea, así como contar con un asesor o asesora preparada para hacer los ajustes necesarios en la estructura contable de la empresa y en su estrategia de ventas, son las dos mejores inversiones que podrá hacer.


Lo más importante es que conserve la calma. No se adelante a los hechos ni actúe por miedo. Se están haciendo los mejores esfuerzos por reducir el daño económico de la pandemia. Busque asesoría, escuche las señales del mercado y sea flexible.




__________

​*Antonio Villalpando Acuña es estudiante del Doctorado en Políticas Públicas del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Contacto: antonio.villalpando@alumnos.cide.edu

Construya un negocio resiliente
ante la pandemia

Suscribir