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Por Juan Carlos Flores Merino / Socio director de Acctúa y asociado de Potenxial

Coaching


Desde que tengo conciencia madura (no me pregunten a qué edad se adquiere), he pensado que el amor no es suficiente para que una relación fructifique. Si lo fuera, habría menos divorcios, porque muchas parejas que se divorcian conservan algo de amor por sus cónyuges, y las empresas serían sitios terribles para estar, porque son los lugares en donde menos se toma en cuenta el amor dentro de sus estrategias.


Como ninguna de las dos circunstancias son ciertas (parejas que se aman se divorcian y las empresas no son lugares terribles para estar), hablemos del amor realista y de
cómo se requiere aterrizarlo en elementos específicos y su aplicación consistente.


El amor como concepto –sin romanticismos– incluye factores muy importantes, como conocer a las personas, comprenderlas, aceptarlas y ayudarlas. Si lo llevamos al ámbito de negocios, nos daremos cuenta de que estos elementos están presentes en la mayoría de las filosofías empresariales de la actualidad: se busca conocer y entender a los clientes y a los empleados mediante campañas de mercadotecnia, clima organizacional y “Employer Branding” (generar una marca en la que las personas quieran y busquen trabajar en una empresa); aceptar a los otros aprendiendo a ser asertivos y emocionalmente inteligentes; ayudar al prójimo y a la sociedad en su conjunto mediante productos y servicios sustentables y ecológicos, así como generando fuentes de empleo que satisfagan gran parte de las necesidades bio-psico-sociales de las personas. En otras palabras, si lo pensamos mejor, el amor no está tan alejado del mundo corporativo y además deja ganancias. 


Si buscamos un poco más profundo, a nivel de los individuos, encontramos otro concepto relacionado con el amor, que es la pasión. Pasión por las ventas, pasión por la atención en el servicio, pasión por el dinero (entendiendo que las empresas lo requieren para funcionar, aunque cada vez hay más conciencia social y el dinero ya no es lo único que se busca) y pasión por el trabajo.


De acuerdo con estudios realizados durante periodos muy amplios por la empresa Gallup (Gallup’s State of the Global Workplace Report; Gallup’s Q12 Meta-Analysis), la pasión por el trabajo genera compromiso y el compromiso, resultados; sin embargo, de acuerdo con más estudiosde Gallup, 7 de cada 10 personas a nivel mundial no están comprometidas con su trabajo en diferentes niveles, desde un desánimo por lo que hacen, hasta una rebeldía abierta con su trabajo.


Idealmente un trabajo dejaría de serlo si hiciéramos lo que nos gusta; no obstante, si no es el caso, todavía está la parte rescatable de que nos guste lo que hacemos. Otro resultado que ofrecen los estudios de Gallup señala que los empleados no dejan a las empresas, sino a sus líderes; es decir, que renuncian por la relación con los jefes, y no porque la empresa sea mala. Esto quiere decir que las personas que influyen en el compromiso de los empleados (y yo deduzco que en la pasión de la gente) son los propios líderes, quienes tienen contacto directo con los empleados y, a final de cuentas, se convierten en la empresa ante sus ojos. 


¿Qué hacer ante la falta de pasión tanto propia como de quienes nos rodean? 


1. CONOCER. La primera persona que es importante conocer es a uno mismo. Cualquier concepto de mejora en el desempeño comienza con el autoconocimiento. Si hablamos de conceptos actuales, veremos que la Inteligencia Emocional comienza con la autoconciencia, la autogestión y la motivación.​​


2. COMPRENDER. Una vez que sabemos quiénes somos y qué queremos, podemos (y debemos) conocer a los demás, entendiendo que somos todos diferentes y valemos lo mismo. Si seguimos hablando de la Inteligencia Emocional, encontraremos la empatía y las habilidades sociales como elementos indispensables (en donde la comunicación es parte esencial para entender al otro).


3. ACEPTAR. Saber que la diversidad, más allá de provocar el rechazo y la competencia encarnizada, nos ayudará a darnos cuenta de que somos complementarios, lo que provoca la coopetencia (competir juntos), como lo hemos hecho como especie a lo largo de nuestra vida en este planeta. Aceptar al otro es reconocer su individualidad y comprender que nosotros somos los otros para los demás. En este punto es fundamental la asertividad, en donde la base es el respeto a uno mismo y el respeto al otro, sin tener necesariamente que estar de acuerdo con lo que los demás sientan, piensen y hagan.


4. AYUDAR. Generalmente hablamos de empatía cuando queremos referirnos a “ponernos en los zapatos del otro” y actuar en consecuencia, pero ayudar significa ser compasivos, tomando en cuenta que ambas palabras vienen de la misma raíz etimológica. La diferencia es que ser compasivo significa entender lo que el otro siente, ponernos en su lugar y, además, hacer algo por él (o ella). Aquí encontraremos
diferentes metodologías y modelos, como el liderazgo, colaboración, manejo de conflictos, negociación y un sinnúmero de técnicas comunes en el ámbito empresarial.


5. DISCIPLINA. Este concepto es el que cierra el listado. La disciplina tiene que ver con los hábitos positivos que desarrollamos para lograr el resultado, más por consistencia que por inteligencia. Si bien no importa en qué nivel de la organización nos encontremos, o inclusive si no estamos en alguna, practicar todos los días los conceptos mencionados nos ayudará a ser más efectivos, volver a creer en la humanidad y seguramente ayudará a que otros mejoren sus relaciones al vernos practicar constante y consistentemente


Recuerdo una frase que se encuentra en un gimnasio cerca de mi casa y que se refiere a todo aquello que deseamos lograr para mejorar: “La motivación es lo que te ayuda a empezar, pero el hábito es lo que te mantiene”.​  


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JUAN CARLOS FLORES MERINO

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