Por Angélica de la Vega / Directora Fundadora de ADV Comunicación Inteligente

Coaching


Apenas en el 2017, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) causó revuelo al publicar su lista de “Habilidades que todos los estudiantes necesitan para el 2020”. La propuesta resulta muy novedosa si la vemos como una alternativa de solución al complejo escenario que se nos presenta en el mundo de los negocios. Nos encontramos ante la llamada “cuarta revolución industrial” y eso supone que nos adecuemos a una nueva forma de relacionarnos y conducirnos en la vida diaria.


No es un secreto que la competencia entre las empresas es cada vez más dura y que aquellas organizaciones que se han negado a cambiar su modelo de negocio han muerto al quedarse aferradas al pasado. En este caso, aplica el conocido principio de Darwin: “No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio".


El caso Kodak

Como muestra de lo anterior hagamos un rápido recuerdo de lo sucedido a la Eastman Kodak Company, fundada en 1888. Su posicionamiento en el mercado era evidente: llegó a estar en magníficas posiciones en la lista de las empresas más destacadas de Forbes. Sin embargo, con la llegada de la era digital todo cambió para esta entrañable compañía.


Ante las nuevas propuestas de fotografías digitales para el uso comercial y doméstico, la empresa le apostó a los sectores que siempre le había sido fieles como las imágenes médicas y la impresión rápida. En el fondo, se resistieron al cambio y aunque tenían la infraestructura para entrar al mercado digital, decidieron evitarlo y quedarse con la fotografía “tradicional”.


Sus competidores resultaron más arriesgados y dieron el gran salto. Hoy, la desaparición de Kodak sigue siendo un caso de estudio en la Escuela de Negocios de Harvard. Una historia como la de Kodak pone sobre la mesa la necesidad que tenemos todos —tanto personas, como empresas— de adaptarnos a las nuevas condiciones del mercado en el que nos encontremos.


En materia laboral funciona prácticamente igual. Las compañías se encuentran en una constante batalla por conseguir y conservar al mejor talento entre sus filas. No obstante, dada la enorme oferta de candidatos, pueden darse el lujo de escoger marcando tendencia. Es decir, hoy en día son las organizaciones las que dictan cuáles son las habilidades que debemos tener para resultarles un talento atractivo.
Y no es casualidad que la mayoría de las habilidades de las empresas coinciden con el listado propuesto por el WEF a los estudiantes. 


Estas cinco habilidades se han estudiado desde hace muchos años en distintas disciplinas y, hoy más que nunca, se ha vuelto evidente su importancia en la dinámica empresarial. Lo cierto es que cada una de ellas está presente en la mayoría de las personas, si bien en diferente medida y muchas veces no del todo bien encaminadas. 


El trabajo en el desarrollo laboral actual mucho se vincula entonces con el descubrimiento de las habilidades innatas que cada persona tiene (la creatividad, por ejemplo) y en su uso para ayudar a las distintas organizaciones a enfrentar los obstáculos que se presentan cotidianamente.

LAS CINCO BÁSICAS

Hemos realizado una breve selección de las cinco habilidades de la lista del WEF que nos parecen las más fundamentales para subsistir en el mercado laboral actual:


Creatividad. Ya lo decía el escritor norteamericano, Truman Capote,“todos tenemos la disposición de trabajar creativamente”, la cuestión se encuentra en descubrir esa capacidad y ponerla en marcha. La creatividad, entendida como la habilidad de generar algo nuevo, es inherente a las personas. Si nuestro cerebro es capaz de generar nuevas ideas, hipótesis y propuestas, eso nos convierte en un talento creativo. Una persona creativa es oro molido para cualquier organización, ya que le permitirá resolver problemas reales, acortar y eficientar procesos, entender mejor la dinámica de la industria e innovar. La creatividad está en nuestro ADN pero, sin duda, hay que despertarla y aprender a utilizarla en beneficio propio y de nuestras empresas


Pensamiento crítico. Ante la gran cantidad de información que nos llega todos los días, la capacidad para distinguir, discernir, analizar y evaluar esos datos es fundamental. Un colaborador que cuestiona y ahonda en la información que recibe tiene el perfil que muchas organizaciones necesitan. Eso se debe a que tener pensamiento crítico nos ayuda a generar un criterio propio y a poner la razón al servicio de la generación de ideas bien fundamentadas


Inteligencia emocional. La habilidad para entender y manejar nuestras emociones y las de los demás es lo que integra la inteligencia emocional. Quienes la poseen tienen mayores posibilidades de relacionarse sanamente, tanto a nivel personal como profesional. Cuando logramos aplicar esta variante de la inteligencia a los ámbitos empresariales, se construyen ambientes sanos y propicios para trabajar construyendo


Velocidad para aprender. Es parte fundamental de la adaptación a los nuevos tiempos. La velocidad con la que se está desarrollando el conocimiento en todas las áreas nos reta a permanecer actualizados en la industria que nos compete. Por lo tanto, una persona que tiene interés por aprender y lo hace rápido es muy bien valorada en cualquier organización


Resolución de problemas complejos. Resolver problemas es una constante en cualquier empresa y un buen elemento es aquel que, lejos de obstaculizar, suma su talento para desarrollar soluciones. No es casualidad que las entrevistas de trabajo actualmente estén ligadas a la resolución de problemas reales


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