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Por Juan Carlos Flores / Director de Acctúa y asociado de Potenxial


Coaching


Imagínese que en la línea de producción de una fábrica hay un trabajador que produce una pieza defectuosa y se la entrega al siguiente trabajador de la línea para que la ensamble con otra pieza. Debido al defecto, el segundo trabajador no podrá realizar su labor. En un sistema de producción tradicional, el segundo trabajador arrojará la pieza defectuosa a la canastilla del desperdicio, ya que dicha pieza está considerada dentro del porcentaje aceptable de defectuosas.


Como existe un gran inventario adicional por si las dudas, la línea no parará de producir. Sólo habrá que esperar a que llegue la buena. Ahora, imagine que el sistema de pago es a destajo y que las piezas forman parte de un embarque que espera el mejor cliente de la empresa.


Agregue la situación de que en la empresa no existe espacio para almacenar material adicional, puesto que el alquiler del suelo es muy caro. En este caso, el trabajador afectado acude con el que le pasó la pieza defectuosa y le hace entender que no puede realizar su trabajo si no recibe piezas 100 % correctas. Le explica además que podrían perder al mejor cliente y quedarse sin trabajo al cerrar la empresa por incumplimiento en las fechas de entrega, o en el mejor de los casos perder mercado y dejar de ser competitivos. ¿Se imagina?


Lo anterior fue una situación real que vivió Japón. En condiciones de pobreza, a causa de haber perdido la guerra y tener una condición geográfica poco favorable, Japón y su gente tuvieron la gran necesidad de utilizar al máximo sus recursos, y al cabo de muchos años de esfuerzo lograron ponerse a la cabeza del mundo industrial. Por eso no nos extraña que los japoneses sean los padres del Justo a Tiempo o Just In Time (JIT) fincado en los principios enseñados, curiosamente, por el estadounidense W. E. Deming.


Ni antes ni después: Just in time


El sistema Justo a Tiempo comenzó en la fábrica japonesa Toyota en la década de 1970, para después extenderse a Europa y el resto del mundo. Se basa en la búsqueda de llegar a cero inventarios, lo cual es casi imposible, pero obliga a solamente pedir el material que realmente se necesita para órdenes de producción abiertas (reales) y no aquellas basadas en un presupuesto. Esto es, lo comprometido con el cliente es lo que realmente se trabaja. Para que funcione este sistema se requiere la participación de todos los empleados de la empresa que lo implanta, así como de todos los proveedores directos.


El JIT es una actitud y una forma de hacer, más que una técnica de producción, como muchos piensan. Plantea eliminar paulatinamente las causas de los altos inventarios, partiendo de la base de que no haya defectos. Justo A Tiempo significa tener las cosas justo en el momento en que se requieren (ni antes ni después), en la cantidad y calidad solicitadas.


¿Cómo lograrlo? Haciendo bien lo debido, desde la primera vez, manteniendo un alto grado de calidad en todos los pasos del proceso, con base en un compromiso a prueba de dudas. Con el JIT, existe un involucramiento y un compromiso por parte de cada empleado de la empresa. No hay necesidad de una complicada labor de supervisión, ya que cada empleado está suficientemente capacitado para auto supervisarse y motivarse. El JIT no se da sin Calidad Total y requiere del trabajo en equipo y de un esfuerzo permanente.


El JIT se relaciona directamente con otras metodologías, pero en especial con una también de Toyota conocida como las 5 S´s, que consiste en tener de forma ordenada y controlada solamente las cosas que se requieren en el lugar de trabajo, bajo un estricto principio de orden y limpieza. Cada S significa un concepto en japonés: Seiri (Clasificación y descarte); Seiton (organización), Seiso (limpieza), Seiketsu (estandarización) y Shitsuke (disciplina y compromiso).


El proceso de mejora continua no es la meta, sino el camino. Recordemos, el JIT se relaciona con un ambiente de producción, pero si uno piensa los beneficios que traería implantarlo en otros ámbitos, en realidad se daría cuenta de que los principios son lo que importa, no el ámbito. Pegúntese ¿Cuántas cosas tiene que no usa?, ¿Cuántos “por si acaso” tiene guardados?, ¿qué tanto influyen sus emociones, no la razón, en sus compras (aplicando la regla “lo necesito vs. Lo quiero)?.


Dicho de otro modo, ¿podría aplicarlo en su casa o trabajo actual?, ¿en su vida en general?, ¿considera que es solamente una metodología aplicable a lo administrativo y logístico o también a lo mental? ¿por dónde empezaría? Mejor aún, ¿cuándo empieza?

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