Por Christopher García / Editor de Revista Especificar 

Editorial


Hace cerca de un mes, en uno de los mercados sobre ruedas que existen en la Ciudad de México, el vendedor de un puesto de patines me comentaba que el comercio minorista no era su trabajo diario, sino una suerte de pasatiempo que realizaba un par de veces por semana. Me confió que él y su familia tenían una empresa: “Nos dedicamos a la venta e instalación de sistemas de protección contra incendio: extintores, alarmas, cámaras de vigilancia, detectores de humo”.


Dos semanas más tarde, abordé un taxi en las inmediaciones de Santa Fe. Entablé conversación con el conductor del vehículo, quien aseguró llevar escasos meses dedicado a tal oficio, pues los últimos 12 años se había desempeñado como coordinador de mantenimiento en distintos edificios corporativos, incluidas algunas torres emblemáticas de la avenida Reforma, desarrollos mixtos o edificios de la administración pública. Lo curioso de su caso es que carecía de cualquier tipo de formación académica: todo lo había aprendido de los técnicos que instalaban o daban mantenimiento en los edificios donde había comenzado fregando pisos o lavando inodoros. Justo ese día, se había presentado un incendio en la tienda Palacio de Hierro, de la colonia Roma en la Ciudad de México.


Ambas conversaciones obligan a preguntarse si la protección contra incendio en México existe o si, como señalaba Horacio Fajer (q.e.p.d), exdirector General de KDM Fire Systems, en entrevista con Especificar el año pasado, las normativas nacionales están encaminadas a promover el comercio de productos, sin consideración real de los peligros que el fuego representa para la vida y los inmuebles. También hacen caer en la cuenta de que, como muchos oficios en México, la instalación y el diseño (cuando existe) de sistemas de protección contra el fuego se aprende de manera empírica, lo que podría tener como trasfondo la ignorancia de códigos, normas o condiciones mínimas de seguridad.


Es verdad, el sector es joven. Platicándo con Wilfredo Blancarte, encargado de la división de Sistemas Contra Incendio para Victaulic, comparaba que en México se tienen registrados como contratistas formales de rociadores contra incendio alrededor de 100 o 120; “solamente en California hay 1 mil 200”. Una de las razones para esta situación la daba el ingeniero Antonio Macías, director de la NFPA para Latinoamérica: “no hay una tradición de combate al fuego en México, donde nos hemos abocado a protegernos de los sismos”. Rogaba por que incendios de alcances catastróficos no fuera necesarios para que en México se cobrara conciencia de los peligros del fuego.


Las normas existentes siguen siendo voluntarias y su cumplimiento, si no lo exige el dueño del proyecto, queda a la voluntad del contratista. La duda, entonces, no es tanto si existe un sector de protección contra incendio, sino si se trabaja realmente por que sea el adecuado.​

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¿Existe en México la protección contra incendios?

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